Tomás Müntzer: el trigo y la cizaña

Por Lucía Raynero

Thomas Müntzer a partir de un grabado realizado por Christoph van Sichem, 1608.

Todo el movimiento religioso de la Reforma se basa en tres principios doctrinarios fundamentales: la justificación por la fe, el sacerdocio universal y la creencia en la infalibilidad de la Biblia. El primer principio se constituyó en la piedra angular del protestantismo liderado, en sus inicios, por el hermano Martín. ¿En qué consiste esta doctrina? Martín Lutero parte de la idea de que todos, al nacer con el pecado original, tendemos irremediablemente a pecar. Si somos pecadores por naturaleza ¿estamos inexorablemente condenados? ¿comprar una indulgencia de la Iglesia nos libraría del sufrimiento eterno y nos garantizaría la salvación? Después de años de meditación y reflexión introspectivas y de importantes discusiones e interpretaciones de textos teológicos y bíblicos con sus estudiantes en la Universidad de Wittemberg Lutero llegó a la conclusión de que solo la misericordia de Dios salva, sin ella la humanidad estaría irremediablemente condenada.

La justificación por la fe es la convicción absoluta de que solo Dios nos otorga la salvación. La fe para Lutero no es únicamente creencia, es el reconocimiento por parte del pecador de la justicia de Dios y de su misericordia. De esta manera pierden su efectividad los sacramentos, el sacerdocio, las indulgencias, la intercesión de los santos, las penitencias, los ayunos y las buenas obras, especialmente las “falsas buenas obras”. Lo que realmente cuenta para la salvación es la relación íntima y directa entre Dios y el creyente. Lutero no ve una naturaleza distinta entre los sacerdotes y los fieles, porque todos somos sacerdotes[i]. Si los sacerdotes y los sacramentos han perdido sus funciones, si el Papa ya no es para los reformistas el jefe de la Iglesia ¿cuál es la autoridad espiritual por la cual hay que guiarse? La respuesta es la Biblia. Las Escrituras pasaron a ser consideradas como la única fuente de autoridad de los cristianos protestantes. Lutero conservó solo dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía porque son los únicos mencionados en la Biblia y ella es la expresión exacta de la palabra de Dios, de donde se concluía que no podía equivocarse.

Thomas Müntzer

Monumento a Tomás Müntzer, realizado por K.F.Messerschmidt, Stolberg, 1989

 

Tomás Müntzer

Contemporáneo a Martín Lutero, apareció en Alemania un profeta o iluminado que se opuso tanto a la iglesia de Roma como a la Reforma luterana. Denunció a Lutero como aliado de los príncipes y poderosos y le acusó de enemigo de los pobres y los marginados de la sociedad. Este profeta fue Tomás Müntzer, nacido en Stolberg hacia 1488 o 1489, provenía de una familia burguesa bien acomodada lo que le permitió contar con los recursos económicos para realizar sus estudios primero en la Universidad de Leipzig y más tarde en la Universidad de Frankfurt en donde obtuvo los títulos de licenciado en Filosofía y en Teología. Müntzer era un conocedor de las Escrituras, dominaba el latín, el griego y el hebreo, estudió la teología patrística y escolástica y también bebió de los textos místicos alemanes. Se pasó a la Reforma inmediatamente y recibió el cargo de pastor en la ciudad de Zwickau. Allí conoció a un tejedor llamado Niklas Storch en 1520 que le cambiará profundamente su vida al predicarle y convencerle sobre la vieja doctrina escatológica taborita[ii] que profetizaba la aniquilación de los pecadores, el reparto de la propiedad entre los desposeídos y la llegada del milenio igualitario. Esta herejía aparecida en Bohemia hacia 1420 había proclamado la eliminación de los impuestos, las rentas y la propiedad privada. Sus seguidores fueron artesanos y campesinos, pero también muchos provinieron de los estratos más bajos de la sociedad como prostitutas, mendigos, jornaleros, sirvientes y criminales.

Storch le habló a Müntzer de la necesidad de una guerra de exterminio de los justos contra los injustos, de preparar el camino para la llegada del milenio a través de las armas, la sangre y la aniquilación. El pastor de Zwickau abandonó pronto el luteranismo y se pasó a las filas militantes y violentas de los “elegidos” inspirados directamente y únicamente por Dios. Su misión la definió muy bien con la parábola de Jesús sobre el trigo y la cizaña[iii] cuando afirmaba:

“Ha llegado el tiempo de la siega, por eso el mismo Dios me ha encargado de la cosecha. He empuñado mi guadaña. Porque mis pensamientos están anclados en la verdad, y mis labios, manos, pies, cabello, alma, cuerpo, vida, maldicen a los incrédulos”[iv].

Él, un elegido de Dios, le tocaría la tarea de separar el trigo de la cizaña y eliminar ésta con su guadaña y lanzarla al fuego. Los pecadores, encarnados en todos aquellos que no tuvieran en su interior al “Cristo viviente”, serían exterminados sin ninguna contemplación.

Con una prédica tan conflictiva, subversiva y peligrosa, pronto se encontró en conflicto con las autoridades de las ciudades que visitaba o en las que residía. Fue expulsado de Zwickau, de Praga y de varios pueblos de Alemania central. Comenzó a vagar de un lado a otro en completa pobreza, se olvidó de sus grados académicos y solo vivía obsesionado por su misión profética escatológica. A donde iba se presentaba como mensajero de Cristo.

Su peregrinaje se detuvo cuando llegó a la ciudad de Allstedt en 1523. Allí se casó con Otilia von Gersen, una ex monja, quien le dio su primer hijo en la primavera de 1524. En esta pequeña ciudad, de apenas unos seiscientos habitantes, pudo predicar su propia versión de la doctrina reformista y dar misa como pastor en la iglesia de San Juan. Sus sermones y servicio religioso fueron muy populares porque los hacía en lengua alemana. No solo asistían los residentes de Allstedt sino también acudían cientos de personas de pueblos circundantes cada domingo. Fue, además, en esta ciudad donde escribió sus más importantes textos teológicos, religiosos y litúrgicos.

La Reforma de Müntzer

En Allstedt Müntzer pudo sistematizar su doctrina reformista. En primer lugar, se opuso a la doctrina luterana de la justificación por la fe y negaba la autoridad exclusiva de las Escrituras. En contraposición, creía en la supremacía del Espíritu Santo como fuente única de iluminación. En segundo lugar, su teología revolucionaria descansaba en la absoluta convicción de que los elegidos de Dios eran los pobres, mientras que los príncipes y los ricos, incluía a Lutero también, representaban al Anticristo en la tierra. De manera que los pobres serían un instrumento de Dios para realizar los cambios necesarios y eran los que estaban preparados para recibir el mensaje apocalíptico. Son ellos los que llegarían a establecer la iglesia verdadera, mientras que los ricos y poderosos serían segados como la cizaña en la cosecha final. De este planteamiento tan radical deriva un tercer aspecto de su teología reformista: el de llevar a cabo la revolución social.

Había que destruir de raíz el mal, es decir, la propiedad, que era el origen de las mayores desigualdades entre los hombres. En un ataque contra Lutero clamaba:

“El malvado adulador calla… sobre el origen de todo robo… Fijaos, las raíces de la usura, del hurto y del robo están en nuestros señores y príncipes, ellos consideran que todas las criaturas son propiedad suya: el pez en el agua, los pájaros en el aire, las plantas en la tierra, todo es de ellos”[v].

Müntzer los acusaba de ladrones y de utilizar la ley para prohibir robar a los demás:

“Publican entre los pobres el mandamiento de Dios y dicen ‘Dios ha mandado, no robarás’… Oprimen a todo el pueblo, esquilman y despojan a los pobres labradores y a cualquier ser viviente; pero si [el labrador] comete la menor ofensa debe ser ahorcado”[vi].

Proclamaba el derecho y el deber que tenían los elegidos de desenvainar la espada para el exterminio de estos pecadores, entre los cuales estaban todos los grandes y poderosos.

Sellos postales emitidos por la República Democrática Alemana alusivos a Tomás Müntzer, 1989.

Mühlhausen y la guerra campesina

En julio de 1524 Müntzer predicó ante el duque Juan de Sajonia y otros nobles su notable Sermón ante los príncipes basado en el segundo capítulo del Libro de Daniel, considerado éste como “la piedra angular de la estructura milenarista”[vii]. En su Sermón acusaba a los sacerdotes de ser serpientes y a los príncipes seculares de anguilas y de actuar conjuntamente en detrimento de los pobres. Días más tarde, Müntzer fue llamado, junto con otros radicales, a una audiencia en Weimar para advertirle sobre su futuro de continuar con su conducta. En la noche del 7 de agosto de 1524 escaló la muralla de la ciudad de Allstedt para escapar y dirigirse a la ciudad libre de Mühlhausen. Norman Cohn asegura que la huida de Müntzer fue más un desafío a las autoridades que una verdadera preocupación por su seguridad personal.[viii]

Mühlhausen era una ciudad de unos 8.000 habitantes, la mitad de los cuales vivía en la pobreza. Allí las tensiones sociales llevaban años expresándose y habían sido capitalizadas por un ex sacerdote de nombre Heinrich Pfeiffer quien pronto se alió con Müntzer. En esta ciudad organizaron un grupo conocido como la Liga de los Elegidos. Obsesionado como estaba con la aniquilación de los pecadores Müntzer siempre portaba un crucifijo rojo y una espada desenvainada, mientras recorría las calles de la ciudad a la cabeza de una banda de radicales armados. Se levantó contra las autoridades municipales, pero pronto la sublevación fue reprimida y Müntzer tuvo que escapar nuevamente.

Después de vagar por varias ciudades pudo regresar a Mühlhausen, donde Pfeiffer había logrado restablecerse. Es en este momento cuando Müntzer se relaciona con la guerra campesina que había estallado en buena parte de Alemania desde el año anterior.

Los campesinos de Turingia habían logrado formar un pequeño ejército de unos 8.000 hombres en Frankenhausen y un grupo de ellos se dirigió a Mühlhausen para solicitar a Müntzer que acaudillara su movimiento. Este aceptó inmediatamente y se puso al frente acompañado de sus más devotos y fanáticos

Escena de las guerras campesinas en un grabado anónimo del siglo XVI.

seguidores. Llegó al campamento de los labriegos armados el 11 de mayo. El 15 las fuerzas del príncipe Felipe de Hesse, reforzadas por las de otros príncipes, ocuparon una colina que les daba una clara ventaja, además, poseían más artillería y contaban con unos 2000 jinetes, en cambio, los campesinos no contaban con ninguno. Felipe de Hesse sabía que tenía todo a su favor para aplastar a su enemigo. Sin embargo, ofreció pactar: propuso a los campesinos perdonarles la vida si a cambio le entregaban a Müntzer. Sin embargo, el profeta, en un delirio suicida, le dijo a su ejército que Dios estaba con ellos y que estarían protegidos. No le cabía la menor duda de que la victoria estaba más que asegurada. “El efecto de esta exhortación se vio realizado por la aparición de un arco iris que, como símbolo del estandarte de Müntzer, fue interpretado como señal del favor divino”[ix].

Mientras los campesinos cantaban “Ven Espíritu Santo” los príncipes dispararon su artillería contra ellos provocando que rompieran filas y huyeran aterrados. Al mismo tiempo, la caballería hería y mataba a aquellos hombres en desbandada. Se estima que unos 5.000 campesinos fueron muertos en la batalla de Frankenhausen. Mühlhausen perdió su condición de ciudad libre y se vio obligada a pagar cuantiosas multas como castigo por su papel en la revuelta.

Müntzer logró escapar y esconderse en el sótano de una casa de Frankenhausen, pero fue rápidamente descubierto. Fue conducido hasta su enemigo, Ernesto de Manfeld. Fue atrozmente torturado y el día 27 de mayo de 1525 fue decapitado, junto con Pfeiffer, en el campo de los príncipes.

Los seguidores de Müntzer fueron denominados como anabaptistas por practicar un segundo bautismo. Estos discípulos del profeta de Zwickau siguieron siendo radicales y, en buena medida, conservaban su espíritu escatológico y milenarista. No obstante, el grueso del movimiento anabaptista, originado en Suiza y constituido por decenas de sectas de distintas tendencias, fue fundamentalmente pacífico, respetaba la autoridad y no profesaba ideas de revolución social. Sin embargo, estas cualidades no los eximieron de ser perseguidos implacablemente, tanto por protestantes como por católicos.

Notas

[i] Lutero se basaba en Pedro, que dice así: “Pero ustedes son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios hizo suyo para proclamar sus maravillas; pues él los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable”. Primera Carta de Pedro 2:9. La Biblia Latinoamericana, Madrid: Sociedad Bíblica Católica Internacional, 1972.

[ii] El nombre de taborita se debe a los seguidores de esta doctrina cuando rebautizaron una montaña, en la que se reunían, con el nombre de Monte Tabor. Según una tradición que se remonta al siglo IV, Tabor era el nombre del monte en el que Cristo había profetizado su Segunda Venida, también en el que Jesús había ascendido a los cielos y en donde se esperaba que reapareciera en toda su majestad. Norman Cohn: En pos del Milenio. Madrid: Alianza, 1989, p. 210.

[iii] La parábola de Jesús sobre el trigo y la cizaña es la siguiente: «Un hombre sembró buena semilla en su campo, pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo, sembró malas hierbas en medio del trigo, y se fue. Cuando el trigo creció y empezó a echar espigas, apareció también la cizaña. Entonces los trabajadores fueron a decirle al patrón: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, viene esa cizaña?». Respondió el patrón: «Eso es obra de un enemigo.» Los obreros le preguntaron: «¿Quieres que arranquemos la maleza?» «No, dijo el patrón, pues al quitar la maleza, podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la hora de la cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero las malas hierbas, hagan fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas.»” San Mateo, 13. La Biblia Latinoamericana, Madrid: Sociedad Bíblica Católica Internacional, 1972.

[iv] Tomás Müntzer en: Norman Cohn, ob. cit., p. 237.

[v] Tomás Müntzer en: Norman Cohn, p. 243.

[vi] Ídem.

[vii] Paul Johnson: Historia del Cristianismo. Buenos Aires: Javier Vergara Editor, 1999, p. 352.

[viii] Norman Cohn: ob. Cit., p. 244.

[ix] Ibíd., p. 249.

Bibliografía

Cohn, Norman: En pos del Milenio. Madrid: Alianza Editorial, 1989.

Delumeau, Jean: La Reforma. Barcelona, España: Editorial Labor, S.A., 1973.

Febvre, Lucien: Martín Lutero. México: Fondo de Cultura Económica, 1975.

Johnson, Paul: Historia del Cristianismo. Buenos Aires: Javier Vergara Editor, 1999.

Roper, Lyndal: Martin Luther. Renegade and prophet. New York: Random House, 2017.

Scott, Tom: Thomas Müntzer: Theology and Revolution in the German Reformation. New York: St. Martin´s press, 1989.

Lucía Raynero es profesora titular de la Universidad Católica Andrés Bello. Doctora en Historia (2006). Magíster en Historia de las Américas (1989). Licenciada en Educación, Mención Ciencias Sociales (1982). Regente de la cátedra Andrés Bello Visiting Fellowship (2009 – 2010) de la Universidad de Oxford, Reino Unido. Actualmente se desempeña como docente investigador en el Centro de Investigación y Formación Humanística de la UCAB. Profesora de Historia Moderna, Historia Contemporánea I e Historia Contemporánea II (UCAB). Profesora de Historiografía (Postgrado, UCAB). Posee varias publicaciones.